
‘Quemar despuĂ©s de Leer’, Idioteces para no idiotas
Osbourne Cox, un veterano analista de la CIA, acaba de ser despedido por sus problemas con el alcohol. Abatido por estar en el paro y por sus problemas conyugales, decide tirar adelante escribiendo sus memorias, relatando en ellas todo lo vivido en la Agencia. Mientras, la solitaria y enamoradiza Linda intenta por todos los medios reunir el dinero suficiente para poder pagarse cuatro operaciones seguidas de cirugĂa estĂ©tica. Al mismo tiempo, Harry Pfarrer va de cama en cama, siendo infiel no sĂłlo a su esposa, sino a su siempre creciente lista de amantes. Tres polos que aparentemente nada tienen que ver, pero que acabarĂĄn produciendo un colosal choque de trenes.
Muy alto habĂan dejado el listĂłn los Coen despuĂ©s de su estupendo Ășltimo largometraje. Ya fuera por esto o bien porque âQuemar despuĂ©s de leerâ fue rodada casi simultĂĄneamente con âNo es paĂs para viejosâ (lo cual implicaba quizĂĄs demasiado poco tiempo de planificaciĂłn), lo cierto es que de entrada, la cinta no acababa de transmitirme buenas vibraciones. AdemĂĄs, los primeros minutos del filme, aunque con algĂșn que otro toque de genialidad -quĂ© menos podĂa pedirse-, no terminaron de engancharme. Los peores temores se estaban cumpliendo⊠cegados por su reciente y brillante Ă©xito, estos inconfundibles cineastas se habrĂan vendido a la lujosa maquinaria hollywoodiense para acabar firmando su primera pelĂcula realmente decepcionante? Nada mĂĄs lejos de la realidad.
Los Coen son la prueba viviente de que dos cabezas pensantes son mejor que una, y ponen todo su ingenio para conseguir una obra que por una parte podrĂa ser considerada como âmenorâ dentro de su imponente filmografĂa, pero por otra parte hace gala de un pegadizo y excelente sentido del humor. Aunque la mayorĂa de sucesos con los que nos vamos encontrando a medida que avanza la trama entren dentro de la categorĂa de âtonterĂaâ, no por ello el conjunto queda desprovisto de mensaje. âQuemar despuĂ©s de leerâ nos habla de cĂłmo la paranoia hacia el âenemigo invisibleâ ha acabado idiotizando la sociedad hasta lĂmites insospechados. Pero eso sĂ, habla de ello de una manera nada cargante y lo mĂĄs desenfadadamente posible. Tanto que a veces se podrĂa pensar que la historia se reduce a un encadenamiento de gags a ratos no tan bien hilado como serĂa de esperar. No obstante, ahĂ radica el encanto de la cinta.
Otra buena razĂłn para confiar en esta obra son las actuaciones de las principales estrellas que participan en ella. George Clooney y Brad Pitt se sumergen de lleno en sus disparatados y desmitificadores papeles. El resultado es algo histriĂłnico pero incuestionablemente divertido. Como no podĂa ser de otra forma, los Coen se apoyan en un mĂĄs que desarrollado elenco de secundarios (de hecho, todos los actores aquĂ vendrĂa a serlo). Frances McDormand, John Malkovich, Tilda Swinton, Richard Jenkins⊠cada uno genial en su personalidad y trasfondo. Un reparto coral que ayuda a articular mejor esta hilarante comedia, experta en contagiarnos su buen rollo.
Estos dos genios del cine lo han logrado de nuevo. Han vuelto a coger un granito de arena y con Ă©l han creado una montaña. En âEl gran Lebowskiâ por ejemplo el granito fue una alfombra manchada de orina. AquĂ el detonante es un CD repleto de banales recuerdos. Esta es la grandeza de estos hermanos nacidos en Minnesota, que nunca sabes por dĂłnde te van a sorprender. Al final, antes de que se cierre el telĂłn, los idiotas se preguntan si han aprendido algo de la experiencia. Puede que ellos no lo hayan hecho, pero nosotros sĂ logramos extraer una importante conclusiĂłn: aunque parezca que lo hagan sin querer, los Coen estĂĄn en estado gracia.